jueves 27 de octubre de 2011

Nunca he sido demasiado de celebraciones

Es extraño. A veces uno dedica tiempo a cuestiones que no le preocuparían si las ecuaciones estuvieran despejadas de distinta forma; por ejemplo, si se tratara de mí únicamente no conmemoraría mi cumpleaños. Nunca he sido demasiado de recordar eventos así. Para mí tienen una importancia bastante modesta muy cercana y rodeada por la esquina de ninguna -líneas adelante explicaré que acaso sea por mamá de donde recogí la sensación de que para todo el mundo son fechas muy importantes o que requieren mención-. Quizá por eso recuerdo la fecha en la que empecé con cada una de mis novias (no son tantas, quizá eso me ayude todavía más). De todas formas no he tenido mucho fortuna celebrando a las personas que me interesan. En una ocasión, por ejemplo, a una novia que tuve le compré un libro inconseguible (ella era pintora y por ese tiempo realizaba reproducciones de un italiano) y a la primera oportunidad en una de nuestras peleas constantes (la última) me regresó el libro junto con todas mis cartas :D Son detalles que uno intenta cuidar porque piensa que quizá pueden tener una importancia para la otra persona, no sé. De pequeño mamá siempre organizaba fiestas (a pesar de mi oposición, en el mejor de los casos después de una larga negociación a veces todo quedaba en un pastel simplemente; pero era muy difícil llegar a esa síntesis), y se preocupaba de comprarme cosas lindísimas. Recuerdo una fiesta, acaso cumplía nueve o diez e incluía payaso, juegos... El escenario es el siguiente, yo con un palo enorme, la piñata frente a mí y el círculo de personas a mi alrededor. No tengo una absoluta idea de por qué, pero yo estoy vestido con un traje de Spiderman. Como es lógico rompo la piñata en un minuto y me hago a un lado mientras todos los demás niños se avientan a recoger los dulces. Me recargo en una pared mientras sigue el barullo y mi abuela paterna me pregunta. Abuela: «Hijo, ¿por qué no te avientas a recoger dulces?». Salvatore: «No trajeron, regalos, abue, yo creo que ellos necesitan más los dulces que yo».

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