G me hizo recordar un libro que leí cuando tenía trece años. ¿Cómo y por qué lo leí? No recuerdo. ¿Que si me asombra y maravilla que una persona lea o haya leído o hable de los mismos libros que yo he leído? Sí, y mucho y me hace muy feliz hablar de los temas que me gustan con la personas que estimo. Luego no es tan sencillo ni tan fácil de encontrar. ¿Que si me gusta que los temas aparezcan sin motivo aparente y movidos por el azar? Por supuesto. Así que fui a buscar el libro de entre mis libros. Tenía un vago recuerdo de en dónde lo tenía, así que cuando no apareció en el primer instante tuve miedo. Si hay algo que me asusta casi tanto como me deprime leer un mal libro es perder mis libros. Casi me hace volverme una persona dispuesta a nunca sacarlos de la certeza del cobijo de mi hogar. Pero ya se sabe que es difícil lidiar con los tiempos en la ciudad. Alguna vez, que quede claro que no lo recomiendo y acaso lo censuro, me he vuelto un lector desde el tráfico de la capital entre el acelero-freno-acelero, acelero-freno-claxon, claxon-acelero-acelero, freno-freno-freno. Tampoco es lo mejor. Pero lo he hecho. Y después del terror vino la calma o algo así por el estilo de dramoso. Tomé con mi mano izquierda Canek de Ermilio Abreu, lo guardé en una bolsa y lo metí en la mochila.
En la primera hoja tiene escrito con lápiz tenue un 26 detrás de una gran equis, de la misma mano, asumo. Deduzco que me costó trece pesos puesto que es el siguiente conjunto de símbolos y no están marcados de alguna otra manera que los invalide. Quizá lo compré en 1995.
Soy de esas personas que sienten que alguien les arroja vinagre en una herida cuando es testigo de un subrayado de líneas de un libro. Así que no es una práctica muy común entre mis volúmenes. Antes prefería llevar una libreta en donde anotaba los fragmentos que me gustaban. Ahora utilizo otros métodos aunque seguro en uno de estos días noto la contradicción y encuentro más de una marca y me da el soponcio.
Sólo recuerdo que me gustó y mucho el pequeño texto que mi amigo leyó en una hora, a mí me tomó algunos minutos más. Últimamente siento que señalo demasiados pasajes de los libros, y realmente me preocupa porque me cuestiono si no será un acto de mala comprensión en la lectura. No sé si alguno de ustedes fue sometido al rigor del resumen en la educación escolar y si también fue testigo de esas personas que señalaban todo el texto como importante en un libro de instrucción básica. A mí siempre me llamó la atención ese ejercicio porque los libros de la escuela me parecían no otra cosa más que unos resúmenes de las ideas de alguien más y no las ideas en sí. Pero el motivo de escribir esta entrada es que mientras releía (sin recordar mucho de lo escrito) me preguntaba a mí mismo qué tendría yo a esta edad de vejez en común con el niño de trece años que existió para leer esas palabras escritas quién sabe cuántos años antes por un chico que nunca conocí.
A veces la vida es una sucesión de hechos que parecen narrados por alguien encima nuestro, como si estuvieran escritos para que no nos diéramos cuenta; excepto cuando parecen demasiado cursis o burdos y los maldecimos, ¿no te parece, desocupado lector? Porque justo cuando llegó a mi mente la pregunta de en qué me semejaría con el yo de trece años pasé página y encontré un asterisco casi invisible escrito con lápiz cuidadosamente, seguro de que lo borraría después de escribirla en un cuaderno. Sólo hallé dos señalamientos. Hoy en el año de 2011 señalé muchas más. Pero a esa edad sólo marqué dos en todo el libro. Pensé: Tienen mucho sentido, explican con una exactitud casi milimétrica mi actitud y postura ante ese ejercicio que nombramos vida por carecer de una palabra mejor. En fin, la verdad es que no lo sé y tampoco es mi intención complicar lo simple. Sólo tuve ganas de anotar en mi blog ese par de párrafos que llamaron mi atención a los trece:
lunes 26 de diciembre de 2011
Abreu
33
Canek dijo:
.......-En la fe el espíritu descansa; en la razón vive; en el amor goza; sólo en el dolor adquiere conciencia.
y la otra línea escribe:
38
Canek dijo:
.......-¿Y para qué quieren libertad si no saben ser libres? La libertad no es gracia que se recibe ni derecho que se conquista. La libertad es un estado del espíritu. Cuando se ha creado, entonces se es libre aunque se carezca de libertad. Los hierros y las cárceles no impiden que un hombre sea libre, al contrario: hacen que lo sea más en la entraña de su ser. La libertad del hombre no es como la libertad de los pájaros. La libertad de los pájaros se satisface en el vaivén de una rama; la libertad del hombre se cumple en su conciencia.
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